Fotografía: Gobierno de Argentina
Ante un escenario de precipitaciones por encima de lo normal, especialistas del INTA El Colorado recomiendan planificar la producción según el relieve y las características del suelo. La estrategia contempla desde la elección del lugar y el escalonamiento de las siembras hasta el manejo del drenaje.
El fenómeno El Niño puede generar en Formosa precipitaciones superiores a las habituales y períodos prolongados de anegamiento. Frente a este escenario, la planificación anticipada adquiere un rol central para reducir el impacto sobre la producción hortícola.
Desde el área de Producción Vegetal del INTA El Colorado, las especialistas Ing. Agr. Mirta Alejandra Sosa, Lic. en Recursos Naturales Ana María Forlín y Ing. Agr. (MSc) Nora Sosa Rolón plantean una estrategia basada en el manejo por ambientes, que permite diferenciar los sectores productivos de acuerdo con el relieve y las características del suelo y, a partir de allí, definir qué producir y qué prácticas implementar en cada lugar.
Lo primero a tener en cuenta es la caracterización del lote. Las lomas, por presentar suelos bien drenados, son los sectores prioritarios para cultivos sensibles al anegamiento de raíces y a la podredumbre de frutos, como zapallo, tomate y pimiento. También pueden utilizarse para establecer camellones destinados a hortalizas de hoja.
En las medias lomas, donde el drenaje es moderado, se recomienda trabajar con cultivos como batata y hortalizas de hoja sobre camellones elevados, además de implementar medidas preventivas como canales interceptores y sistemas que permitan regular el movimiento del agua.
En cambio, los bajos o sectores deprimidos, caracterizados por suelos pesados o con riesgo de inundación, no resultan adecuados para cultivos sensibles como batata, zapallo o mandioca. Estos ambientes pueden reservarse para verdeos de cobertura o abonos verdes adaptados al exceso hídrico, e incluso para infraestructura destinada al almacenamiento de agua para períodos secos.
La estrategia preventiva también contempla la organización de las siembras. Frente a la posibilidad de lluvias intensas, se recomienda escalonar las fechas y dividir los lotes en parcelas o módulos más pequeños, evitando concentrar toda la producción en una única siembra.
Otra herramienta es el uso de camellones elevados, cuya altura puede llevarse a entre 30 y 40 centímetros según las posibilidades del establecimiento. El objetivo es favorecer el escurrimiento del exceso de agua y mantener oxigenada la zona de raíces.
El manejo del suelo también resulta determinante. Mantenerlo cubierto, ya sea con cultivos activos o cobertura vegetal viva o muerta, ayuda a disminuir el impacto directo de las lluvias, reducir la erosión y evitar el sellado superficial. A su vez, se recomienda evitar el tránsito sobre suelos saturados para no generar compactación y realizar tareas de limpieza y adecuación de los drenajes antes de la temporada de lluvias.
Manejo para cada cultivo
El manejo debe ajustarse además a las características de cada especie. En zapallo, la humedad constante incrementa el riesgo de asfixia radicular y podredumbre de frutos. Por eso, se recomienda ubicarlo en lomas o medias lomas bien sistematizadas, utilizar camellones de 30 a 40 centímetros y reducir el contacto de frutos y guías con el suelo mediante coberturas.
En batata, el exceso de agua durante la etapa de tuberización puede provocar problemas en las raíces reservantes y afectar la calidad comercial. En estos casos, se aconseja trabajar en sectores altos, con lomos de buen volumen y drenaje, y evaluar un adelanto de la cosecha si las precipitaciones se vuelven severas hacia el final del ciclo.
Para las hortalizas de hoja, como lechuga, acelga, rúcula, perejil o cebollita de verdeo, la lluvia intensa puede provocar daños mecánicos, salpicaduras de suelo y pérdida de nutrientes. El uso de sombráculos o micro y minitúneles, junto con camellones elevados, escalonamiento de las siembras y diversificación de especies y variedades, forma parte de las alternativas de manejo planteadas.
Riesgo sanitario
El exceso de agua también modifica la dinámica de plagas y enfermedades. Las lluvias intensas pueden reducir temporalmente algunas poblaciones de insectos al desalojar o provocar la muerte de huevos, larvas, pupas y adultos. Sin embargo, ese efecto puede ser transitorio.
Si después de las lluvias persisten temperaturas elevadas —entre 25 y 35 °C— algunas plagas pueden recuperar rápidamente sus poblaciones y generar nuevas generaciones en pocos días. Además, el rebrote de los cultivos, el escalonamiento de las siembras y la presencia de plantas voluntarias pueden favorecer la colonización de insectos chupadores y defoliadores.
Por eso, una recomendación central es retomar el monitoreo apenas las condiciones permitan ingresar al lote, sin asumir que la lluvia eliminó las plagas. La evaluación debe contemplar tanto la presencia de organismos perjudiciales como la de enemigos naturales, y las aplicaciones deben realizarse cuando se superen los umbrales de acción correspondientes a cada plaga y estado fenológico.
En cultivos extensivos como maíz y soja, se recomienda aumentar la frecuencia de monitoreo durante los 7 a 10 días posteriores a lluvias intensas. En maíz, además, resulta importante seguir la dinámica de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis), ya que una reducción temporal de adultos puede ser seguida por una rápida recolonización cuando se mantienen las temperaturas altas y existen plantas jóvenes disponibles.
La planificación frente a El Niño no se limita sólo al aspecto agronómico. El escenario puede generar diferentes tipos de riesgo que deben ser considerados antes de que ocurran las pérdidas.
Entre ellos se encuentran los riesgos operativos y físicos, vinculados con posibles daños en caminos, bombas, camellones e infraestructura, además de pérdidas parciales o totales de cultivos por anegamiento.
También existe un riesgo financiero o de liquidez, asociado a posibles retrasos en las cosechas o pérdida de calidad comercial, que pueden generar un desfasaje entre los ingresos.
A esto se suma el riesgo fitosanitario y biológico, que puede traducirse en mayores costos de producción por el incremento de aplicaciones y necesidad de realizar resiembras.
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Viernes, 14 de agosto de 2026
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